lunes, 8 de agosto de 2011

Paso.

No es posible que nos encontráramos en otra vida, es decir, en algún otro punto de nuestra cadena de reencarnaciones. No podría ser nuestro ahora otra parada en una antigua búsqueda.
Tal vez nos hubimos conocido en un paso de montaña. Nos imagino como dos hombres, y aunque soy influido porque eso somos en la actualidad, creo que es así como quisimos volver. Tú habrías perdido a tu grupo, mientras yo sería explorador del mío. El encuentro no sería del todo casual, y sin embargo entonces, como ahora, éramos incapaces de entrever siquiera los movimientos de un hado alrededor nuestro.
Éste nos lanzaría uno contra el otro hasta hallarnos cara a cara, lo que nos tomaría por sorpresa y provocaría suspicacias a nuestro encuentro. Nos alejaríamos a tiro de piedra, mientras mostramos una fiereza aún no oculta por la civilización futura. Después de un rato, por qué no, habríamos de acercarnos lentamente; ¿no nos habríamos olido para reconocer nuestra extrañeza y luego no habríamos pensado que compartíamos un mismo espíritu? Así lo he pensado yo, no sé que habrán pensado ellos sin este milenario bagaje verbal.
Quizás peleamos un momento hasta permitir que nuestra lucha deviniera en juego, con lo que nuestros cuerpos sudaron y es factible imaginar que éste era nuestro objetivo. ¿Qué podríamos saber de nuestras acciones? Sólo tendríamos conciencia de que nos agrada como nuestros cuerpos, por medio de su calor interno y del sudor que expiraban, se confundían y daban a ambos una nueva sensación a nuestro tacto.
Al final qué significaría para nosotros la mutua presión de nuestros miembros entre nuestros cuerpos. Porqué eso movimientos, porqué ese jadeo, porqué el cerrar los ojos ante un ser nunca antes visto. Por qué me siento incapaz, al igual que nuestras antediluvianas versiones, de expresar el significado de ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario