viernes, 19 de noviembre de 2010

Contra el programa reduccionista.

La gente gusta de efectuar actos ridículos y sólo una vez llevados a cabo se da cuenta de lo estúpido que fue. Quizás se haya visto a otro haciéndolos y se haya pensado que sería divertido; y sí, lo es, pero por ello no se deja de ser ridículo.
¿A qué viene todo esto? A que ayer [1] vi a Matzin. Trataré de no hacer el cuento largo (un irónico ‘ajá’ ha de ser la exclamación de mis conocidos):
Matzin me prestó una chamarra suya, a pesar de que yo bien habría podido aguantar el frío de la noche. Acepté porque, tal vez, me gustaba ser objeto de atenciones, pero más el hecho que viniesen de él. Su chamarra, con exterior de cuero e interior de mezclilla, es algo pesada, y aunque no lo haya advertido mientras colgaba de mis hombros, una vez que me la hube quitado y sostenido en una sola mano –la derecha, que dada mi predominancia diestra es la más fuerte- pude sentir su tirantez hacia el suelo. Con ello atrajo mi atención, así que luego la alcé hacia mi cara y traté de descubrir algún aroma en ella, específicamente la marca química de Matzin. Y ello, bien se podrá suponer, bajo el influjo de la película Brokeback Mountain, donde al final uno de los protagonistas hace lo mismo con una de las camisas del otro, fallecido para entonces. ¡Qué vil fraude!, no sentí nada de aquello, no obstante que la acaricié y abracé como si fuese Matzin mismo.
No vuelvo a creer en esas películas o en sus conmovedoras escenas, ¡no, jamás! Que se haya excitado el latido de mi corazón por un momento –aunque no puedo determinar que fuera en frecuencia o en intensidad- no significa que restos de químicos expirados por la piel de aquél hayan impregnado su chamarra –lo que es innegable que ocurrió-, que luego de portarla yo un par de horas no hayan abandonado el tejido –de seguro que aún deben mantenerse ahí-, que algunas de aquellas partículas químicas hayan entrado a mi cuerpo al inhalar a lo largo de la chamarra –lo que es muy factible-, y que yo las haya percibido –¡lo cual no fue el caso! Intento decir que mi exaltación romántica no se debe tanto a una química erótica, cuanto a la consideración de su posibilidad.[2]

[1] 15 de noviembre, día anterior al primer borrador
[2] Fiel a mis palabras, no me extendí mucho en el tema.

P.D. Otra historia hubiera sido de poseer yo mayor cantidad y densidad de receptores olfatorios.

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